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| En esta página incluiremos textos aparecidos en prensa, que hablen de Cubla y que nos parezcan que tienen algún interés para todos. |
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Si quisiéramos resumir en una sola palabra el concepto que tal acto nos mereció, nos veríamos apuradísimos para encontrarla, pero por apros¡ximación lo calificaríamos de sublime. Sublime sí, porque sublime es toda manifestación hidalga de bondad de corazón y por que sublime es la comunión de las almas en uno y único ideal de altruismo. Pero algo superior a lo sublime eran aquellas lágrimas que más que correr, saltaban de gozo por entre las rugosidades de unos rostros nobles, fuertes y austeros, curtidos por el rudo vivir de una raza que mantiene gloriosamente las grandes virtudes que la hicieron célebre a través de la Historia; lágrimas con que eran expresadas las grandes conmociones de aquellos fuertes pechos, que al acentuar su alegría sentían el dolor de su inmenso gozo.
Más que sublime fue aquel lenguaje mudo que reinó durante mucho tiempo, en aquel noble ambiente, sin otor síntoma externo que el enrojecimiento de los ojos brillantes y gozosos y el gesto característico e inequívoco de la honda satisfacción reflejada en los semblantes, risueños, jubilosos y radiantes.
* * *
La entrega del artístico pergamino hecho a Don Alfonso Torán
como título de Hijo Predilecto, obra admirable de un hijo de Cubla,
Don Miguel Monleón, fué un acto que no podrá borrarse
jamás de la memoria de quienes tuvimos la dicha de presenciarlo.
Allí, el digno Secretario del Ayuntamiento de Cubla expresó
su sentida emoción en nombre del pueblo, en nombre de todo su vecindario,
como un alma colectiva puede sentir, con exacta fidelidad, las sacudidas
emocionales de la gratitud y de la desinteresada confraternidad. Allí
el honorable Párroco de Cubla, sancionó en nombre de Dios
aquella hermandad de corazones, unidos para el mutuo apoyo y para la práctica
de las más bella ideología del espíritu humano...
el divino precepto "Amaos los unos a los otros".
Allí, el culto profesor D. Pablo Sarrate dejó bien sentado,
con la firmeza y sinceridad peculiar de los "pura cepa" aragonesa, cuán
merecedor era de aquel homenaje el predilecto hijo de Cubla, D. Alfonso
Torán, que con sus hermanos D. José y D. Manuel habían
logrado que en el pecho de cada cublense se rindiese culto al esclarecido
apellido.
Allí, D. Silvestre Matas, el incansable luchador, en su bello discurso
"dió rienda suelta a su emoción y sus sentimientos de gratitud
fueron expresados como cuadraba en aquel ambiente de sublime idealidad...
¡con lágrimas!.
Allí D. Manuel Torán, hermano del homenajeado, levantó
su voz elocuente, convincente y enérgica y definió en nombre
de los suyos, de su familia y de sus discípulos, en nombre de toda
una generación de hombres consagrados al Trabajo y a la Ciencia,
los bellos contornos del alma grande del Maestro, del educador insigne
que con su labor personal había levantado el prestigio, a insospechada
altura, de una clase de jóvenes luchadores que en la esfera de su
actuación individual, emulaban dignamente la bella ideología
del Hidalgo Manchego.
Y, por último, D. Alfonso Torán, a quien no queremos aplicar
ningún adjetivo, porque mereciéndolos todos, de ninguno necesita,
ya que su solo nombre dice más elocuentemente que nosotros, cuanto
pudiéramos atribuirle, enalteció las virtudes de aquel pueblo
único, de aquel pueblo pequeño y escondido, pero más
grande que ningún otro, porque su grado insospechado de civilidad
lo colocaba en la inaccesible altura de una perenne admiración.
Pueblo que por sí solo había dado cima a todos los intrincados
problemas de su gobierno municipal, pueblo cuya grandez se apoyaba sólidamente
en algo tan indestructible y sólido como la fortaleza de los corazones
de sus hijos, de cuya rectitud y fortaleza es bello símbolo la peña
erguida, que en un cuartel de su escudo campea sobre rocas, desafiando
inconmovible los embates duros de todas las inclemencias, de todos los
vendabales..., de todas las tempestades.
* * *
Afortunado pueblo, que sin Palacio señorial que te humille, ostentas
sin embargo, un bello Templo donde holgadamente caben todos tus hijos y
al arrullo de cuyo campanario, que es voz amorosa de madre, duermes en
su regazo con la inefable paz de los justos. Dentro de tu bello templo
los actos religiosos, coreados por tus propios cantores y embellecidos
por tus propias armoniosas melodías, nos han hablado de la Divinidad
con más sublime elocuencia, con más sincera sencillez que
el aparatoso y formulista ritual a usanza... Bajo tu techo, de sencilla
e infantil factura gótica, entre tus muros graníticos de
concepción renacentista, bajo tus arcadas románticas, formando
un conjunto armonioso y severo de puro tipo de transición... ¡hemos
sentido hondo!.
¿Y cómo habíamos de sospechar que cublenses de otros
tiempos, precursores de los de hoy, digna progenie de una raza noble, hubieran
tenido tan delicada sensibilidad artística? Ellos colocaron para
ornamentar la bella imagen de la Virgen de sus amores, la Virgen de la
Asunción, a cuya devoción se rinden todos los pechos, un
retablo de talla barroca de inestimable valor, justo de proporciones y
ante el cual la vista se extasía de emoción artística.
Y más bello aún que este retablo otro pequeño, una
"tabla primitiva" del siglo XIII, de la época en que la perspectiva
aún se encontraba en grado de incipiente gestación, en cuya
parte inferior y en tríptico armonioso, destacan bellas figuras
de San Miguel, San Blas y Santa Adela.
* * *
¡Mujer de Cubla! Mejor que un lugar especial en estas menguadas cuartillas,
un altar es preciso para entonar ante él, mi cántico de fervorosa
admiración.
¡Mujer de Cubla! Tipo idealizado de tu raza, modelo viviente de belleza,
honestidad y fortaleza de alma, hermana de Isabel, de Agustina, de Mariana...,
de Santa Teresa. Feminidad sensible y exquisita la tuya que crías
a tus hijos fuertes y nobles y entonas en el templo con atavíos
de virgen, canciones de celestiales ecos..., de melodías divinas.
Tú también, al honrar a tu hijo predilecto, palpitante y
emocionada, dentro de tu ropaje severo, sentiste la sacudida emocional
de lo sublime, y en simplista concepción de ideologías y
en sencilla expresión del sentimiento, enjugastes tus lágrinmas
con tu pañolito de perfume campero, mientras que con la otra mano,
acariciaste la cabecita del niño que tenías a tu lado y la
humanidad toda, recibió la caricia tibia de tu bendición.
Una lágrima asoma a mi pupila, balbuciendo la palabra MADRE. ¡Tú,
mujer de Cubla; tú, madre de ese Hijo Predilecto tan digno de homenajes;
tú, que desde el cielo bendices; tú, que en la tierra sufres
por el amor de tu hijo... y que se te suele ver macilenta y llorosa pedir
de puerta en puerta trabajo para tí, y pan para tu hijo... vosotras,
todas, recibirla en vuestro regazo: ¡es la oración muda de
un corazón de HIJO!
* * *
¡Niños de Cubla! Dichosos vosotros que sabéis que la
leyenda de los Reyes Magos... esa bella leyenda que tanta amargura llevó
al corazón infantil de un angelito, cuando la grosera precocidad
de un amigote la desmintió; vosotros sabéis, digo, que esa
leyenda es una realidad, una realidad experimentada por vosotros, tangible,
cierta. En vuestras manitas trémulas, nerviosas, impacientes, habéis
tenido el grato contacto de los juguetes, de los innumerables y lindos
juguetes que un día, este día memorable de Cubla, os llevaron
unos Reyes Magos.
Vosotros esperábais, quizá, verlos raramente ataviados, con
grandes y ostensibles atributos de Realeza, con hermosos y grandes caballos
y con numerosos servidores, tal y como los habéis visto muchas veces
en las estampas de vuestra predilección. Pues bien; aunque en apariencia
sean distintos, ellos, los que vistéis un día que no se olvidará
nunca, son verdaderos Reyes Magos. Ellos, los que os llevaron los juguetes;
ellos los que con asiduidad paternal os los distribuyeron. ¿No los
recibistéis todos de manos de la esposa de D. Alfonso Torán?
Ellos son los que cuidan de vosotros, los que os costearán vuestra
educación en Universidades y Escuelas. ¿No los oistéis
asegurar así a vuestro hermano predilecto? Ellos los que aseguran
la tranquilidad a vuestros ancianos. ¿No os acordáis de la
viejecita impedida, sola y sin medios de subsistencia a quien ha asegurado
el pan y la paz, vuestro Rey Mago?
Ellos, son pues, los verdaderos Reyes Magos. Su existencia no es una leyenda,
porque ellos consuelan al que sufre, amparan al necesitado, recogen a los
niños perdidos que lejos de sus padres sufren las penurias de la
vida y los reintegran a su hogar; y los padres de estos niños bendicen
a su bienhechor por haberles devuelto su hijo y los enseñan a pronunciar
su nombre con el mismo respeto y recogimiento que musitan sus infantiles
oraciones.
¡Existen Reyes Magos, niños de Cubla, y vosotros los conocéis!
Tú, Angelito, que sufriste la desconsoladora revelación de
aquel odioso amigote, puedes decirle que miente, que es verdad que existen
Reyes Magos, y más aún; puedes decirle que los Reyes Magos
de mucha, mucha gente y de un pueblo y muchos pueblos, ¡son tus propios
Padres!
* * *
Y luego la Apoteosis. Tracas, banda, bailes, canciones, banquetes de agitadas
y briosas afirmaciones, banderas, campanas, gritos de júbilo y como
final, un paso infranqueable entre el Cielo y el Mundo, una brusca solución
de continuidad como foso insondable de Castillo encantado, para que quedara
allí, en los breñales de Cubla, el ambiente virgen y puro
de aquella vida, cuya existencia presintió Fray Luis de León.
Torán, Barona, Navarrete, Sancho, Durbán, Atrián,
Mínguez, León, Ortiz, Sarrate, Alcusa, Monleón, Lafuente,
Juste, Valenter, hermanos de una misma raza de almas titanes; apellidos
recios como recios son vuestros corazones... del otro lado de vuestros
montes, donde campea la llanura seca y árida, D. Alfonso Quijano
el Bueno, os saluda.
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DIARIO LUCHA
Teruel, MARTES 11-12-1979Cubla: pobre en bienes, rica en virtudes.
Cubla es un pequeño pueblo que dista de la capital 17 kilómetros, a 1088 metros de altitud. Está unido a Teruel por la carretera que, partiendo de la capital, pasa por Villaspesa y cruzando Cubla por en medio, enlaza a 3 kilómetros, en Valacloche, con la que asciende a Camarena y la que, rozando Cascante del Río, desemboca por Villel en la de Teruel – Cuenca. Bien comunicado, pues, pero sin servicio ordinario en ninguna dirección.
No está incluido en la comunidad de Javalambre, aunque está enclavado en la serranía.
Anteriormente a la gran corriente migratoria pasaba de los 300 habitantes. Hoy apenas rebasa el centenar.
Está situado en una colina dominada por otra llamada de San Cristóbal en que se halla la ermita de su nombre.
El terreno es secano, arcilloso, de escasa producción cerealista. Algunas pequeñas vaguadas empiezan a poblarse de chopos. Al pie del caserío, en dirección a las cumbres de Javalambre, el más bello rincón de Cubla. Un estrecho valle, parcelado en pequeños huertos de perenne verdor y sabrosos frutos, resguardado por un pétreo murallón, con incrustaciones de cuarzo, al este; y al oeste por una suave y aterciopelada ladera por donde se desliza el acceso a los huertos. En el lomo de esta ladera, la ermita de la virgen del Loreto. Los riega un infantil riachuelo que hasta carece de nombre. Los de Cubla lo llaman el Regajo. Cerrando el delicioso valle, se alza el Picarzuelo, rocosa atalaya. Y al pie, restos de antiguo molino.El Hocino es un paraje reconfortante con una fresquísima fuente, a 3 kilómetros del pueblo, entre rocas y pinares, en las estribaciones de Javalambre, delicioso lugar para excursiones veraniegas con provisiones de jamón y vino del país.
Y mucho más arriba, hacia las cumbres de Javalambre, a unos 8 kilómetros, se alza la ingente mole rocosa de peñablanca en la que todos los años, ininterrumpidamente, anida una pareja de águilas reales.
Camino de Valacloche se encuentra otra fuente con el expresivo nombre de Fuente Primera, nombre que indica claramente no ser la única, y a donde es costumbre ir a comer la rosca en la alegre tarde primaveral de Pascua.
El edificio más destacable, como en todos los pueblos, es el templo parroquial, dedicado al misterio de la Asunción. Es un edificio gótico – renacentista del 1600; de mampostería con una nave cubierta de crucería estrellada. Interesante portada plateresca y torre con cuatro cuerpos de mampostería y ladrillo de grandes proporciones. Desmantelada en 1936.
Cubla es un pueblo pobre porque el terreno es de mala calidad y no rinden los cultivos. Y los pastos para el ganado son escasos. Pero cuando uno trata a sus gentes y se adentra en el conocimiento de sus costumbres, piensa en la lógica enorme que existe en la leyenda del príncipe que se enamora locamente de la pastorcilla humilde y pobre. Son gentes sencillas, acogedoras, laboriosas, fervorosamente creyentes y con un fuerte sentido de la dignidad. Lo reflejan perfectamente sus costumbres.
Cuando había mocerío en el pueblo, casi todos los días festivos, se celebraba baile, en la plaza o en un saloncito, según la temperatura ambiental. Daba comienzo después la cena. Celebrada ésta, el mozo se llegaba a la casa de la moza con la que deseaba bailar. Llegado a la casa se cruzaban respetuosos saludos entre el mozo solicitante y la joven y sus padres. Expuesta la solicitud por el pretendiente normalmente era aceptada y se le obsequiaba con madalenas o "tortas" finas y una copa. Y él se responsabilizaba de acompañar a la doncella a la ida y a la vuelta del baile y de que regresase sin menoscabo alguno de su dignidad.
Muy digna de reseñarse la típica fiesta del día de los Inocentes. Por la mañana se reunían los mozos en el Ayuntamiento con todas las autoridades. Desde el alcalde hasta el alguacil traspasaban todos sus cargos a los mozos por aquel día. Cualquier transeúnte que apareciese por plazas o calles hasta las 13 horas tenía que pagar una multa previamente establecida. De lo contrario tenía que ir a la cárcel existente en los bajos del Ayuntamiento hasta que padres o amigos del multado abonasen la multa. Al mediodía un grupo de mozos se dedicaba a ir de puerta en puerta recogiendo los víveres que donaban los vecinos, mientras el otro grupo preparaba en la cocina del Ayuntamiento la comida llamada "borrasca", a base de cordero asado. El sobrante de los víveres se subastaba y continuaba la fiesta con baile.
La calle principal de Cubla es la comprendida entre la plaza del olmo y la plaza del "Collao" , y está dedicada a don Gregorio Cortés Sánchez. D. Gregorio fue el prototipo de las gentes de Cubla.
Nació en 1875 y murió en 1921, el 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen de la que era fervientísimo devoto. Siendo niño todavía, por la escasez económica familiar, se tuvo que hacer cargo del pastoreo de un menguado hatillo de ovejas. Sin haber recibido, pues, la escasa cultura que se adquiere en una escuela de pueblo, él iba simultaneando el cuidado de las ovejas y su culturización sin maestro alguno. Más de una vez se olvidó de echar la merienda en el zurrón, pero no los libros. Y el que fue pastor hasta los 25 años, llegó a ser secretario del Ayuntamiento de Vendrell (Tarragona), gracias a su tesón aragonés y el afán de superación. Don Gregorio Cortés dignificó el concepto de tozudez que con sentido peyorativo nos aplican a los aragoneses. Él se elevó de categoría social y cultural por su propio esfuerzo, sin asideros de recomendaciones, ni manejos de influencias. Y sin romper violentamente con nada: tradiciones, ambiente, sugerencias paternas, condicionamientos económicos. Poniendo en juego su propio caudal: talento, tesón, honradez y rectitud.
Cuando se produjo la vacante en la secretaría de Cubla, la solicitó y obtuvo porque prefería más servir a su pueblo que todos los posibles ascensos profesionales. Y Cubla se honró, honrando a su hijo Gregorio Cortés Sánchez rotulando una calle con su nombre. ¡Qué menos, si era él la personificación de su raza!.
Nicanor ABAD
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